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  • Romina Florentino

6 - Amor propio, el primer escalón hacia la evolución



En los posts anteriores les compartí todo mi viaje hasta el presente. En este siento la necesidad de compartirles una reflexión que tiene que ver los primeros pasos de los buscadores.


Nos hablan mucho de encontrar nuestro propósito, de conocernos profundamente, incluso yo lo he dicho varias veces en mis textos porque siento que es un punto importantísimo pero omití que yo partí más o menos a los 20 años de cero, absolutamente de cero. ¿Qué quiero decir con cero? Quiero decir que ... y esto es fuerte de leer y de decir... me sentía una AMEBA. Me sentía una ameba gelatinosa! eso era la imagen que yo tenía de mi persona. Tenía la imagen de una persona que no podía desenvolverse en la vida sola, que si no le decían lo que tenía que hacer o tomaban las decisiones por ella, no sabía qué hacer con su vida. Muchos menos cuál era mi propósito o qué quería estudiar. Yo me sentía eso, algo gelatinoso que no tenía ningún tipo de capacidad de nada.


El motivo por el cual me sentía así tiene miles de explicaciones racionales que no vienen al caso en este momento pero se los comparto para que sepan que yo partí de ese lugar.


Entonces en estos días surgió en mi la idea de que para poder llegar al autoconocimiento, poder vernos, poder conectarnos con lo que nos gusta para después pensar en cuál es mi propósito y enfocarme en él poniendo toda mi energía ahí, antes que nada, necesitamos trabajar el amor propio. Porque si estás en ese lugar, en el que todavía no te querés, no te aceptás, es muy difícil que quieras conocerte en profundidad, que quieras salir adelante, que quieras hacer algo por vos y mucho menos que pienses en un propósito.


Esto no te lo digo porque lo leí en algún libro sino porque me dolió, lo pasé y hoy entiendo que hay mucha gente que lee y escucha a muchas personas hablar del propósito y si estamos en ese estado de no querernos o aceptarnos muchas veces preferimos cerrar los ojos y vivir en modo zombie. No nos da la energía para escarbar en nosotros y pensar en nuestro propósito. Nos parece muy lejano. Por eso me pareció importante compartirles este primer paso.


Yo hoy hablo queriéndome y aceptándome. Por momentos flaqueo, debo confesar. Esto es un trabajo interno de todos los días. Hoy estoy abriendo mi corazón contándoles mi propia experiencia que fue muy dolorosa en ese momento.


Otra cosa que me pareció interesante, es diferenciar el amor propio de la soberbia, del egocentrismo, de mirarnos nuestro propio ombligo y nada más. A veces pensamos que ocuparnos de nosotros mismos, reconocernos o querernos es una actitud egoísta. Después de leer mucho y escuchar a personas que admiro hablar sobre el tema, llegué a la conclusión de que es exactamente lo contrario. Y se los voy a compartir porque creo que es muy valioso saberlo.


Aunque amarse a uno mismo y egoísmo se suelen asociar, esto es incorrecto. ¿Cuál es la diferencia? La persona egoísta vive para sí mismo, siempre esta queriendo ganar y buscando su propio beneficio, no hay nada para los demás. En cambio, si la persona se ama a si misma, busca desarrollar todo lo mejor de sí, pone su esfuerzo y dedicación para llevar a la plenitud lo que es en potencia y desde ese lugar nutrir a los demás. ¿Ven la diferencia? El que se ama a sí mismo quiere ser mejor para poder darse mejor. Para el egoísta el fin último es ganar, compararse no hay un otro a quien brindarse en la ecuación.


El amor a uno mismo tiene varias aristas:


  • Aceptarme: conocerme, conocer mis fortalezas, mis limitaciones, valorarme, dar gracias por lo que soy, por lo que tengo, no compararme con nadie, competir conmigo mismo no con un otro. El otro puede servirnos de referencia, guía o inspiración pero no para medirme con esa persona para ver si soy peor o mejor. Conociendo mis fortalezas puedo construir desde ellas y por qué no, combinar mis fortalezas con las de otros para hacer grandes cosas. El poder de la red.

"Gozamos poco por lo mucho que tenemos y sufrimos mucho por lo poco que nos falta" - Roberto Perez-


  • Enriquecerme: desarrollar mis capacidades.

Es alimentarme bien:


- físicamente ----> deporte, alimentación.

- afectivamente ----> poner cuidado en los vínculos que elijo.

- intelectualmente ----> que leo, que veo, que escucho.

- socialmente ---> como me vinculo con la cultura, el arte, la historia que nos

nutre y nos genera nuevas ideas

- espiritualmente


Cuanto mejor me alimente mejor seré como persona.


Gobernarme: cómo combino esos alimentos para no irme demasiado a uno o a otro.


Ej: Si hago un exceso de actividad física, todos los días de la semana varias veces por día que me lleve a la exigencia tal que pueda lesionarme o me genere obsesión. Esto deja de ser amor propio.


  • Darme a los otros: el que se ama a uno mismo se da bien a los demás y al darme me

termino de afirmar como persona.


Muchas veces la mirada del otro, cuando es una mirada sincera, honesta muchas veces nos permite darnos cuenta de los puntos ciegos, de lo que no sé que no sé y quizás tengamos para trabajar, para mejorar.

Acá podemos ver cómo darnos a los otros también nos ayuda en nuestro camino del autoconocimiento.


Dice Roberto Perez "es importante que Aceptarme, Enriquecerme y Darme a los otros estén en equilibrio".


Cuando una persona se acepta, se enriquece y no se da: es egoísta.


Cuando una persona se acepta, se da y no se enriquece: es una persona vacía. No tiene mucho para dar. La persona que se enriquece es la persona que tiene algo para compartir no solo a nivel intelectual sino también las cosas que le pasaron en la vida y los aprendizaje que obtuvo de ello.


Cuando una persona se da, se enriquece y no se acepta: vive mendigando la aceptación de los demás. Quiero que me acepten porque yo no lo hago y para lograrlo voy a tratar de complacer a los demás para que me quieran. Este a mi me suena :S


La persona que no se acepta no sabe amar.


Este a mí me resuena un montón porque buscamos a quien amar, con quien estar sin antes habernos ocupado de nosotros, de querernos bien. Por el contrario, salimos a mendigar eso que no nos damos a nosotros mismos. Le ponemos la responsabilidad al otro cuando en realidad nos lo tenemos que dar a nosotros mismos y si el otro lo puede dar o no, es un tema del otro. Nosotros elegiremos si queremos estar con ese otro o no pero sabiendo lo que valemos y dándonos todo lo que necesitamos.


Creo que la falta más grave de nuestra sociedad y que está potenciada por los medios, este mundo consumista y estos estándares inalcanzables es la falta de aceptación a uno mismo. No nos queremos, no nos aceptamos, no aceptamos como somos al 100% y esto lleva a personas tristes, que no ponemos foco en conocernos, en tomar consciencia, baja autoestima, siempre esperando que venga algo de afuera que yo no puedo hacer por mí.


La aceptación a uno mismo no es sentirse superior a nadie sino tener consciencia de mi valor.


Entonces no solo el ego no es sinónimo de amor propio sino que las personas sin amor propio, dejan que el ego conduzca sus vidas. Son egoístas. ¿Y por qué? Porque están enfocados en compararse con otros, insatisfechos, no se conocen profundamente, les cuesta reconocer cuando se equivocan, les cuesta aceptar que les digan que algo no está bien con ellos porque lo sienten como una falta de cariño.

Ante resultados negativos tienden a culpar a los demás. No quieren quedar pegados con eso porque sienten que todo va a ser una amenaza y evitará que los demás lo quieran.

Se aíslan, tienen miedo a lo nuevo, a arriesgarse a perder, se sienten continuamente evaluados y sienten mucha culpa cuando algo sale mal.


En cambio, una persona con amor propio sano, se conoce, se valora, se enriquece, se da a los demás y para mí ese es el lugar trampolín para querer conocernos profundamente.

Entender cuales son nuestros valores, a que le digo que si y a que le digo que no, que voy a dejar entrar en mi vida y que no. Y desde ese lugar ir a buscar mi propósito profundo. Eso transcendente que me va a hacer sentir que estoy poniendo todas mis habilidades al servicio de algo más grande que yo y que voy a dejar huella.


Por eso los invito a reflexionar sobre en qué lugar estamos parados hoy.


Por ahí me desespero por buscar mi propósito, me meto a hacer un montón de dinámicas de autoconocimiento y por ahí me olvido del amor propio. O quizás tengo la creencia de que quererme a mi mism@ es de egoísta o sobrevi@ y entonces no me tengo que ocupar de eso.


No. Entendamos el amor propio como el primer escalón fundamental para poder ser útil para otros, poder amar a otros, para poder pensar en un propósito trascendente en el que poner toda nuestra energía y dejar nuestro legado, nuestra huella.


Te recuerdo que está es mi experiencia que comparto de todo corazón porque es lo que me ayudó a mi a avanzar pero no necesariamente tiene que ser tu proceso. Mi intención con esto es entregarme a la red, inspirar, que puedas sacar algún mensaje que te sea útil, una palabra, algo que te abra tu propio proceso.


Seguimos conectados

Gracias por leer hasta acá


Abrazo!!

Romi














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