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  • Romina Florentino

¿Ser o Deber Ser? Esa es la cuestión

Actualizado: 11 feb 2021

De mis años de trabajar en relación de dependencia habiendo sentido esto y de mis charlas con mucha gente en la misma situación, he notado que la sensación de infelicidad debido a la no satisfacción con el trabajo es un tema que a muchos nos es familiar.


Hay una fuerte que confirma que eso que yo noto está pasando en todo el mundo


https://news.gallup.com/opinion/chairman/212045/world-broken-workplace.aspx?g_source=position1&g_medium=related&g_campaign=tiles


Este informe de Gallup arroja que

Solo el 15% de los mil millones de trabajadores a tiempo completo del mundo están comprometidos con su trabajo.


















Considerando que como mínimo pasamos el 40% de nuestro día y aproximadamente el 50% de nuestra vida allí, considero que el impacto de no sentirnos bien en el trabajo tiene en nuestro bienestar, es demasiado alto como para no prestarle atención.


Tengo la sensación de que esto es solo la punta del iceberg. Entonces me pregunto... ¿qué hay de fondo? ¿Por qué llegamos a este estado? ¿Por qué muchos de nosotros llegamos a los 40 años replanteándonos las decisiones que tomamos en su momento o hasta las desconocemos?


¿Será esto parte del problema?


Pensemos juntos.... ¿Quién toma las decisiones en tu vida? Aunque la primera respuesta que te surja sea YO … tómate unos segundos para conectar con ella. ¿cuánto de eso vino o viene de otra voz, de la idea que tenes que es “lo correcto” o de la decisión que tomaría “alguien más”?


Vamos por el positivo. Hay distintos estudios sobre los elementos que identifican a las personas que se consideran felices. Algunos de los elementos que se repiten con frecuencia son: tener la mente en el presente la mayor parte del tiempo, hacer actividad física, comer sano, el sentido del humor, rodearse de gente positiva, tener metas y objetivos, tener una actitud protagonista, ser agradecidos, tomar los problemas como oportunidades de crecimiento o aprendizaje, ser compasivos con ellos mismos y esta que es la que me quita el sueño… “hacen lo que les gusta”


¿En qué momento la mayoría de nosotros quedó atrapado es este juego de pasar la mayor parte de nuestra vida haciendo algo que no nos gusta?


Con el beneficio que tienen para nosotros y para el lugar donde trabajamos, el hermoso estado de Flow del que nos habla Mihaly Csikszentmihalyien y en el que entramos cuando dedicamos nuestro tiempo a algo con lo que verdaderamente conectamos!!!!


¿QUE NOS PASO?? ¿Decidimos conscientemente sentirnos infelices o estábamos completamente dormidos?


Una posible explicación la encontré hace unos años en el libro Cada Siete Años de Beatriz Leveratto y tiene su origen en el tercer septenio de nuestra vida (14 a 21 años).


Ella dice que en este septenio surgen dos desafíos:


  1. Diferenciación del mundo de la familia (al que llama El Clan), a favor del descubrimiento de la propia individualidad.

  2. Apertura hacia la experiencia del amor y el erotismo


Claaaaro, ahí está! A muchos, por distintos motivos, nos falló el punto 1.


Dice Beatriz, “tanto la psicología como la espiritualidad afirman que la imagen que tenemos de nosotros mismos se conforma a partir de la comparación de una serie de modelos externos o de aquellas personalidades que los representan. La angustia de no saber quienes somos y la necesidad de descubrirlo cuanto antes nos conducirá a definirnos internamente a partir de los que vemos “afuera” . El éxito de esa estrategia conlleva un costo: la dependencia de la mirada aprobatoria de los demás para confirmar lo que creemos ser”


“En esta etapa empezamos a darle importancia a nuestra imagen por eso toma relevancia la aceptación de los demás sobre nuestra propia identidad. La necesidad de gustar y atraer a los otros surgirá en estos momentos para sentirnos valorados como personas”


“En esta etapa también es posible que experimentemos una tensión entre “el llamado a la vocación” y lo que “debemos ser” de acuerdo con lo que los demás (en general nuestros padres) piensan de nosotros”.


“Las preguntas que surgen durante este período serán definitorias de algunas decisiones en el futuro ¿mi vocación (aquello a lo que me siento convocado por la vida), deberá coincidir, necesariamente, con las expectativas que tiene la familia o con aquello que soñábamos ser cuando “fuéramos grandes”?”


En fin… saquemos nuestras propias conclusiones...


La autora también dice que esto se resuelve por completo en el siguiente septenio (21 a 28) donde se desarrolla la determinación de quiénes somos y qué queremos para nuestra vida.


El gran tema es que los que tuvimos padres “clásicos” no tuvimos mucha más opción que elegir una carrera a los 17 o 18 años y en muchos casos, debía ser una carrera que “diera plata” . Si además te pagaban la facultad, las probabilidades de dejar esa carrera en el medio, era bajísima salvo que estuvieras dispuesto a pagar el precio de “fallar y hacer malgastar el dinero a tus padres que tanto esfuerzo hicieron por vos”


Cabe aclarar que no es la intención de este artículo que nos sintamos víctimas de la situación ya que siempre la decisión de responder frente a las situaciones que se nos presentan asumiendo las consecuencias de las mismas, es 100% nuestra.


Si uno decide la comodidad de ser aceptado y no confrontar en pos de descubrir su propio camino, también es válido y tendrá sus consecuencias de las cuales también deberemos hacernos cargo.


En mi caso yo no tenía idea que estudiar y buscaba aceptación permanente de mis padres.

En un test vocacional me salió que me interesaba todo por igual y que tenía facilidad para todo ( súper útil ese test. :S)


No se a ustedes, pero al menos en mi época y en mi familia (soy Generación X) conceptos como propósito, pasión o disfrute no estaban asociados a la carrera o el trabajo sino a los momentos de “vagancia”.

Entonces, si fuéramos muchos en la misma situación o similar, todo ese cocktail de querer agradar, no querer defraudar, no querer fallar o fallarle a nuestros padres, el seguir un modelo externo conocido para ir a lo seguro… podría dar como resultado personas con muy buenos trabajos, ganando buen dinero, con un estilo de vida “excelente” para el que mira de afuera pero de mucha angustia y apatía para quien lo está viviendo.


Y de repente te puede pasar que empiezas a conectar con la voz y la sensación de que no estás donde quieres estar, pero no desde la mente, sino desde un lugar que podría llamar “las entrañas” y te das cuenta de que ya construiste todo ese castillo, que ya avanzaste un montón, que todo está cargado en tu espalda y que hay muchas personas involucradas. Eso genera una sensación de soledad y encierro fuerte. Un callejón sin salida aparente lo cual causa mucho malestar y sin dudarlo, se traslada al nivel de satisfacción que tienes en tu trabajo.


Si esto se suma a que tu lugar de trabajo es un lugar lleno de personas del estilo y no un espacio de disfrute… bueno…


Volviendo al artículo de Gallup, ellos dicen:


"Según la encuesta mundial de Gallup, muchas personas en el mundo odian su trabajo y especialmente a su jefe"


Y luego dice...los empleados en todas partes no necesariamente odian a la empresa u organización para la que trabajan tanto como a su jefe. Los empleados, especialmente "las estrellas", se unen a una empresa y luego renuncian a su gerente.


¿Qué puede estar pasando con esos gerentes? ¿Podrían estar pasando por situaciones como las que describí anteriormente?


Leí en un artículo que la mayoría de los millennials están llegando a trabajar con gran entusiasmo, pero las viejas prácticas de gestión a lo que yo le sumo personas "enojadas con su realidad" les quitan todo el entusiasmo. Mi sospecha es que esos jefes con esos conflictos, con esa crianza rígida y esos temas sin resolver, muchas veces son los que transmiten ese malestar y no lo pueden evitar fácilmente.


Son esas mismas personas que para tolerar esa situación, entran en modo zombie o automático y activan el programa “es lo que tengo que hacer”.

Sinceramente, yo creo que desde ese lugar no podemos pedirle a nadie que tenga consciencia del otro, de la sociedad, o la naturaleza cuando ni siquiera está en conexión con su Ser.


¿Cómo pienso yo que se empieza a solucionar esto?


Primero que cada persona que está en esta situación, tenga la edad que tenga, tome consciencia de que somos los dueños de nuestra vida y que tenemos derecho a diseñarla cómo queramos en el momento que queramos. Eso sí, haciéndonos cargo de cada una de las decisiones y las consecuencias de las mismas.


Buscar ayuda de alguien que nos escuche ya sea coach, terapeuta o maestro espiritual. Que nos escuche, nos ayude a escucharnos y quizás comparta alguna inspiración o herramienta.


Darnos tiempo, observarnos y escucharnos nos permitirá planificar, diseñar y prototipar nuestra vida cuidadosamente en oposición al famoso y desordenado “patear el tablero”.


Prototipar me parece clave porque como dice Bill Burnet … “no sabrás verdaderamente cómo te sientes con una decisión hasta que no la tomas.


El probar un poco de esa nueva vida que vamos diseñando, hablar con otros que la estén viviendo o estén haciendo una actividad similar, es clave para saber si verdaderamente queremos eso o si es una ilusión.


Yo estoy convencida de que vinimos a este mundo para aportar un valor único, que todos somos necesarios y que es muy difícil que nos sintamos felices yendo en contra de nuestra propia corriente.


El mundo se está perdiendo de muchos de esos talentos ocultos, en personas que se han vuelto robots para no sentir el dolor de no ser fieles a ellos mismos.


Mi deseo es contribuir de corazón a que tengamos una sociedad de personas más felices, conectadas, conscientes, que puedan poner sus habilidades y talentos únicos al servicio de un mundo mejor.


No tengo la respuesta final ni la solución mágica de cómo hacerlo pero de lo que sí estoy convencida es que podemos cambiarlo cuando queramos siempre que creamos que podemos y que nos merecemos diseñar nuestra propia vida, la vida que queremos tener.


Claro está que estas decisiones tienen sus consecuencias, sus pro y sus contras, sus desafíos que como buenos protagonistas, deberemos aceptar, abrazar, hacernos responsables y vivir con ellos.


Es importante recordar que cada vez que le digo que SI a algo, le digo que NO a otra cosa. Por lo tanto cuando le digo NO a algo que NO me hace feliz, le digo SI a un mundo lleno de oportunidades para mí y para los que me rodean.


Les dejo un abrazo enorme!



Romi


Fuentes:


Clifton, Jim. “The World's broken workplace”. news.gallup.com. 6/2017. https://news.gallup.com/opinion/chairman/212045/world-broken-workplace.aspx?g_source=position1&g_medium=related&g_campaign=tiles


Laveratto, Beatriz, Cada Siete Años: La vida y sus estaciones astrológicas - 1ed - CABA, Buenos Aires, Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, S.A. de Ediciones, 2014




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